‘El mayor objetivo’: Cómo los sacrificios de una familia inmigrante en Siler City llevaron a tres hijos a la universidad
By PATSY MONTESINOS Y VICTORIA JOHNSON
SILER CITY — Los inmigrantes mexicanos Margarito Parroquín y Leonila Herrera pasaron 25 años de sangre, sudor y lágrimas para llevar a sus tres hijos a la universidad y asegurar que llevaran una vida mejor que la de sus padres.
Y hasta ahora, su trabajo ha dado sus frutos. Sus dos hijos, Geovanni y Bryant, se graduaron de UNC-Chapel Hill con títulos en ciencias políticas y sociología, mientras que su hija menor, Yamil, está asistiendo Central Carolina Community College en Chatham con planes para transferirse a UNC. Quiere estudiar enfermería.
“Estoy agradecido por todo lo que han hecho”, dijo Bryant, ahora gerente de comunicaciones del Vínculo Hispano. “Y la posición en la que estoy en mi vida ahora mismo, se debe a ellos”.
Margarito emigró a California en 1988 cuando tenía 17 años con la esperanza de encontrar mejores oportunidades, ganar algo de dinero y regresar a casa en el sur de Veracruz donde pretendía seguir estudiando. En ese momento, había asistido a la escuela durante aproximadamente 11 años — hasta la preparatoria — y había soñado con estudiar leyes para defender los derechos de los demás.
Pero luego conoció a su futura esposa, Herrera, en California y comenzó una familia. Se casaron en agosto de 1992.
“Al tener una familia ya es muy difícil regresar y adaptarte”, dijo. “Fuimos dos o tres veces, pero ya no fue lo mismo. Entonces, decidimos regresar y quedarnos (en EE.UU), darles una mejor oportunidad de vida a nuestros hijos aquí”.
Se mudaron a Siler City en 1995. Margarito encontró trabajo arreglando pisos de madera y en una granja, donde trabajaba la mayoría de los fines de semana. Herrera se hizo costurera. Mientras ella cambiaba de trabajo, Margarito ha tenido los mismos trabajos desde el año ’95, trabajando casi todos los días para brindarles a sus hijos una mejor calidad de vida y los medios para “ser alguien en este país”.
“Va mucho en cómo te lleves con ellos como padres, como pareja, ser un ejemplo para ellos más que nada”, dijo. “Si no hay esa comunicación, no hay esa armonía y es bastante difícil que un muchacho llegue a dónde quiere”.
Ha sido un viaje difícil, dijo Margarito. De joven tuvo que dejar atrás a sus amigos, familia y estudios. Mientras formaban una familia, él y Herrera vivían de cheque en cheque. Se levantaba temprano por la mañana, trabajaba tanto en el calor abrasador como en el frío y regresaba tarde a la cama. Asimismo, Herrera se levantó a las 4 a.m. para ir a trabajar a las 5 a.m.
“Decían allá (en México), ‘No, en el norte, se gana dinero.’ Ya esto es una gran mentira. Acá vienes a sufrir”, dijo.. “Al principio sufras, sufras, ya cuando te establece y empiezas a ver tu esfuerzo realizado. Había un dicho que teníamos allá, ‘Mucho se sufre, pero se goza. Querías Norte. Órale, trabaje.’”
Por eso urgió a sus hijos a recibir una educación.
“Teniendo una educación, tienes muchas oportunidades”, dijo. “Como yo se lo decía cuando estaban pequeños, la educación es una llave que te puede abrir muchas puertas adonde tú vayas. Sin educación es muy difícil”.
Para llevar esta lección a casa, a menudo llevaba a sus hijos a trabajar con él en la granja para mostrarles “lo que cuesta ganarse el dinero si uno no tiene una educación”.
“Te mandó otra persona. Entra(s) en tiempo de calor, la calor, los mosquitos, en tiempo de frío que ya estamos casi ahorita. (Te preparas) a las 5 de la mañana. (Estás) a las 6 ahí con un frío, todo congelado”, dijo. “A ir a la escuela, prepararte, educarte, a estar en una oficina ganándote la vida de otra forma — no es lo mismo”.
Cada uno de los hermanos Parroquín prestó atención a ese consejo y lograron — o está trabajando para lograrlo — lo que Bryant llama “el mayor objetivo” para los hijos de inmigrantes: graduarse de la universidad.
“(Ir a la granja) me enseñó lo que significa el trabajo duro y lo que significa poner comida en la mesa para mi familia”, dijo Bryant, y agregó: “Eso puso una mejor imagen en mi cabeza de por qué (debería) seguir presionando en la escuela. ¿Quiero terminar trabajando aquí en el frío, trabajando desde las 5 de la mañana hasta las 6 o 7 de la tarde? O ¿quiero educarme y encontrar una posición mejor para mí en la que pueda ayudar a mi familia?”
Dijo que era difícil navegar el proceso de solicitud para la universidad, especialmente las tarifas de solicitud y el formulario FAFSA — que tenía que completar él mismo — pero sus padres continuaron motivándolo y apoyándolo, brindándole todo lo que pudieran.
“Sin ningún ‘pero’ o ‘no’”, dijo Bryant, “(mi papá) realmente nos decía: ‘¿Qué necesitas? Puede que no sea accesible, pero encontraremos una manera de hacerlo realidad. ¿Necesitas una calculadora? ¿Necesitas este libro de texto? Te llevaremos a la universidad, pase lo que pase’”.
Para llevarlo a él y a sus hermanos a donde tenían que ir, su madre también priorizó sus necesidades sobre las suyas.
“Todo lo que hace, siempre lo hace primero por su familia”, agregó Bryant. “Es tan simple como ir a la tienda. Ella nunca comprará nada para ella (misma) para asegurarse siempre de que mi hermano, mi hermana, mi papá y yo estemos bien vestidos y bien alimentados antes que ella”.
Nunca te rindas y sigue presionando — eso es lo que escucha de ellos todo el tiempo.
“(Mi papá) ve sus sueños en nosotros”, dijo Bryant. “No en la medida en que él quiere que hagamos lo que él quería, pero quiere asegurarse de que alcancemos nuestras metas y nuestros sueños”.
Tiene un objetivo particular muy cerca de su corazón: devolver todo el sacrificio y el apoyo de sus padres consiguiendo un trabajo que pague bien para ayudarlos.
“Tengo metas … como encontrar formas de ayudarlos a vivir mejor, donde puedan, como, jubilarse, dejar de trabajar, y donde puedo decir, ‘Oye, si necesitas algo te tengo, como la factura de un médico, no tienes que preocuparte por eso’”, dijo, y luego agregó: “Siento que la mayor parte de la vida, han estado trabajando y no han disfrutado”.
Pero como muchos hijos de inmigrantes, esa mentalidad le pone mucha presión sobre los hombros. Si los esfuerzos de sus padres valieron la pena — todo depende de él, dijo Bryant.
“Muchos otros niños, o personas de mi generación, pueden apoyarse más en sus padres y tener una base más sólida aquí en este país”, dijo. “Mientras que mi única base (es) mis dos padres, y yo puedo hacer o deshacer los esfuerzos que han hecho durante tantos años”.
Bryant sintió que el peso se le cayó encima hace un año cuando se graduó desempleado. Envió solicitud de trabajo tras solicitud de trabajo, solo para ser rechazado una y otra vez. Terminó trabajando tres meses en un aserradero y pasó cada momento sintiéndose como un “fracaso”.
“Había muchos días en que volvía a casa desde mi trabajo y me encerraba en mi cuarto”, dijo. “Mis padres decían, ‘Todo está bien. Todo está bien’. Pero eran estos pensamientos en mi cabeza como, ‘Oye, cuatro años de universidad que se consideró una de las cinco mejores universidades públicas, y todavía estoy trabajando en el aserradero’”.
Es por eso que obtener el trabajo de oficina con el Vínculo Hispano significó todo para Bryant. Fue el primer paso para lograr su sueño: apoyar y elevar a sus padres tanto como ellos lo han apoyado y elevado a él.
Al final del día, el mayor sueño de Margarito es ver a sus hijos triunfar, alcanzar sus metas y “(ser) una gente de bien”. Y lo que han logrado hasta ahora, dijo, lo ha enorgullecido mucho.
“Imagínate que más orgullo ver a mi hijo graduado en las mejores universidades de aquí, del estado y a nivel nacional UNC — el mayor, el segundo y espero que mi hija lo logre también”, dijo. “Triplemente orgullo de venir de dónde venimos y hoy en día decir: ‘No, tengo un hijo graduado, tengo otro y espero tener una tercera.’”